HISTORIA

Texto reproducido del documento editado por el Ayuntamiento de Pedrosa del Príncipe con motivo de las fiestas patronales 2004)

 

Es posible que PEDROSA DEL PRÍNCIPE no exista como tal hasta alrededor del año 870. "Esta es la fecha en la que queda asegurada para la España y la Castilla nacientes la fortaleza de Castrojeriz." Y bajo la seguridad que de esa fortaleza se desprendía nace la Villa de Pedrosa So Castro.

Podemos afirmar que, en su perímetro, no nace sola. La afluencia de repobladores cristianos, bajo el signo de Castilla, era de muchos, pero de pequeños grupos, con frecuencia unidos por lazos familiares o de paisanaje y otras veces conducidos por señores de la frontera, que daban su nombre a la obra colonizadora. Venían de tierras más estrechas y difíciles y aquí se convertían en labradores propietarios de sus tierras y en miembros de comunidades concejiles democráticas. Así, muy cerca de Pedrosa, al menos otros tres poblamientos nacieron para la Historia, aunque su vida fue abreviada por la inercia de la unión o agrupación que se advierte en la vida administrativa de los pueblos.

El que más duró en esos tres poblamientos fue Villaverde, que estuvo situado a tres kilómetros al O.S.O. de Pedrosa, en la ribera izquierda del Pisuerga, próximo a la raya de Melgar de Yuso. En la Villa se llama hoy a ese pago de San Miguel, quizá porque a este Arcángel estuvo dedicada la iglesia del poblado. Villaverde aparece mencionado en 1210 en una bula del papa Inocencio III y en el siglo XIV en el 'Libro de las Beheterías', datos que revelan su existencia hasta el siglo XV. Anteriormente, hacia 1250, leemos el nombre de esta Villa- Villaverde de Río Pisuerga -en el 'Libro de Préstamos' de la Catedral de Burgos, dato del que deducimos que podía contar entonces con unos 15 vecinos.

El segundo de los poblados desaparecidos- Santa Juliana -se situó a pocos más de dos kilómetros al O. inclinándose al N. El pago se sigue llamando Santa Juliana, la tradición mantiene que allí existió un pueblo. Las Tapias, el último de los poblados, estuvo a 1.300 metros al SO., carretera Astudillo. Hay restos de población.

Pedrosa del Príncipe tarda en aparecer en la documentación escrita. Algunos eruditos quieren verla en documento del año 1043, a 19 de marzo, de la colegiata de Santillana. Dice el documento: "Pedrosa que decitur La Ponte" (Pedrosa que se llama La Puente). En este caso, debemos admitir que nuestra Villa se caracterizaba por algún puente que ya se habría construido sobre el río Odra. Corroboraria esta dualidad de nombres (Pedrosa y La Puente) el 'Libro de Préstamos' de la catedral de Burgos, antes mencionado en el que tras de Fi tero Hitero del Castillo), se coloca a La Puent y luego a Villaverde de Río Pisuerga. En dicho libro, de mediados del siglo XIII, se señalan a esa población 33 maravedís; el doble que a Villaverde. Otra lectura de Pedrosa hallamos en el monasterio premostratense de Aguilar de Campóo, en mayo de 1192. Igualmente, en el monasterio de San Salvador de Oña se guarda una bula pontifica del año 1210 (28 de abril) en la que el papa resuelve un pleito del obispado de Burgos y la Colegiata de castrojeriz, citando las iglesias de Pedrosa y de Villaverde, así como las ermitas de Santa Eugenia y de San Juan de Pisuerga, que animaban entonces los campos de Pedrosa.

Nuestra Villa fue de Behetería, gozó, por tanto de esa singularidad castellana en la que se mezclaban autoridad, jurisdicción, libertad, materialidades y servicios mutuos bajo los conceptos de rey, señor, pueblo, vasallos, labranzas solares y particiones (divisas). la Behetería (Benefactorís) de Pedrosa parece que la regentaban, desde luego a voluntad de los vecinos, Juan González de Hinestrosa y Martín González. Los diviseros eran ocho, entre ellos algunos hijos de la misma Villa como Garci González y Juan Fernández. Al Rey, suprema autoridad, los vecinos de Pedrosa le pagaban la llamada 'martiniega' porque se entregaba el día de San Martín (11 de noviembre) y suponía 300 maravedís, aunque quien los recibía era el benefactor Juan Fernández de Hinestrosa por cesión graciosa de Alfonso XI. También pagaban al fisco real los llamados servicios y monedas, impuestos ocasionales. El benefactor recibía lo siguiente del vecindario: El que poseía un par de bueyes pagaba (por infurción = impuesto de solares) 1 fanega de pan mediado (6 celemines de trigo y de cebada); el que poseía un buey pagaba la mitad. También recibía el señor las multas por algunas faltas e incluso por homicidios. Los diviseros no recibían nada.

La vida local, durante la Edad Media, pasó en Pedrosa en la rutina de las estaciones y de las labores agrícolas, alegrada con las fiestas religiosas, patronales y sucesos como bodas, bautizos, ferias y mercados en Castrojeriz, Pampliega, Villadiego, Osorno y Astudillo. Castilla ya no era la del silo IX o X. Castilla llegaba de mar a mar, era una potencia europea y los vecinos de Pedrosa sabían que su Rey y su Destino eran poderosos y hermosos. Ellos participaban en los proyectos de la nueva España. Cuando el rey Juan II preparó la guerra contra los moros granadinos para acabar la Reconquista, anticipándose a los Reyes católicos, solicitó la ayuda de los concejos y de las iglesias. La parroquia de San Esteban entregó tres marcos y medio de plata (800 graos en forma de cruz o cáliz). Pero, como la guerra no se hizo, el rey devolvió lo entregado, que fue recibido y firmado por el señor párroco, don Juan García. Nuestros antepasados eran hombres serios.

Al comenzar la Edad Moderna, la merindad que fue la organización que siguió al alfoz, también quedó obsoleta. En documentos del siglo XVI, a Pedrosa se le sigue apellidando So Castro (Bajo castro), pero el cambio no tardó en llegar, recibiendo el del Príncipe en la circunstancia que ya indicamos. A finales de ese siglo XVI, Pedrosa del Príncipe forma partido con Hinestrosa y Valbuena, reuniendo entre las tres villas 219 vecinos. Lo que sí parece claro, es que en Pedrosa se ha impuesto un espíritu de orgullo local y de autonomÌas administrativa. Los de Pedrosa del Príncipe mantienen su carácter realengo y lo reafirman públicamente alzando delante de la parroquial el rollo de Justicia, declarando que era "Villa por sí" con su propia autoridad y responsabilidad no estando a más sujeción que la dimana del rey. No se ven huellas de haberse alzado también para picota, o sitio de cumplimiento de penas, aunque no sería extraño que en alguna solemnidad expusieran sobre los escalones, atados a los tambores que forman la columna, a algunos delincuentes a la vergüenza pública de las gentes que entraban a la iglesia y salían de ella. Pedrosa tiene también crucero, colocado en las afueras, en la vena de los caminos. La basa y fuste circulares se asientan sobre cuatro escalones de forma circular. Remata en capitel y cruz dorados, puestos recientemente, supliendo los primitivos que habían desaparecido.

En 1752 se obtuvo una radiografía excelente de la Villa, por medio del Catastro que ordenó Fernando VI por su ministro el marqués de la Ensenada. Por este excepcional documento conocemos muchos detalles de la vida de Pedrosa en el siglo de la Ilustración. En primer lugar, la satisfacción por ser "Villa realenga, libre de todo señorío". En ella viven 71 vecinos, incluidas 20 viudas y solteros (mozos viejos), que cuentan por medio vecino y 11 habitantes; en total, bien pueden reunirse cerca de 400 almas. Como labradores figuran 23 vecinos, número bajo para el ancho campo de Pedrosa del Príncipe de casi 3.000 hectáreas de tierra lisa y desarbolada, como ellos reconocen y que miden por 'obradas' (secano) y 'cuartas' (viñedo). Junto a los labradores están los pastores y ganaderos entre los que se resaltan los pastores, ya que los rebaños de ovejas churras reúnen 2.386 cabezas con algo de yeguar y vacuno. Hablando de ganado, mencionaremos las 209 colmenas, de las que el vecino Andrés Escribano explota 64, con un beneficio de 5 reales por colmena al año.

Otros viven de la industria. Hay en el Odra dos molinos y un batán; tres tejedores de lienzos y estameñas, herrero, carretero, zapatero de viejo, organista-maestro, cirujano, mesonero, tabernero, 19 jornaleros, 4 sacerdotes, y los 4 apellidan Escribano, y 8 pobres de solemnidad. Un pueblo homogéneo, laborioso y pacífico, que arranca a su ancho campo el pan y el vino de cada día. Se cosechan cereales, vino y legumbres y por la otra banda, la ganadería ovina proporciona lana y queso. Los precios no son altos, como derivado de una comarca favorable para esos productos. Así, la fanega de trigo vale 13 reales, 87 la de centeno y 5 la de cebada. La fanega de titos y de lentejas están a 13 reales. El vino a tres reales la cántara (16 litros); una azumbre de miel (dos kilos), 5 reales. Un cordero cuesta 8 reales y la libra de lana se vende a un real y a de queso a 7/4. Los salarios de los jornaleros suponen al día tres reales.

Los vecinos y el Concejo según las prorratas establecidas por ellos, debían de satisfacer los pagos a la Real Hacienda, a la Iglesia y a los servicios del común. La Hacienda del rey, del estado, cobraba el Servicio Ordinario y Extraordinario (780 reales), Millones Antiguos Renovados (986 reales), Cientos (778 reales), Alcabalas y Tercias (1094 + 1068 reales). Total 4.706 reales depositados en la sede real de Burgos. El llamado Cuarto del Fiel Medidor no lo pagaba la Villa por haberlo redimido a perpetuidad por compra, en tiempo de Felipe III (4 de agosto). No faltaron pleitos y reclamaciones, pero Pedrosa confirmó su exención; se aplicaba en la medición de vinos.

En la Villa tenían propiedades diversas varias Ordenes y Obras Pías, como la Orden de malta, los Antonianos de Castrojeriz, las Clarisas de Castrojeriz y Astudillo, los Premostratenses de Aguilar, el Hospital de San Juan de Burgos, el Monasterio de Cardeña, etc. Lógicamente, estas fincas no estaban sujetas al Diezmo que se repartía así: 1/3 para el Cabildo parroquial; 1/3 para el Hospital de San Juan de Burgos y 2/9 para el Rey y 1/9 para la fábrica de la iglesia parroquial. De este último noveno, se deriva una quinta parte para la Colegiata de castrojeriz. Las Primicias consistían en pagar cinco celemines de pan mediado por yunta de bueyes o de mulas; las medias yuntas entregaban la mitad; dos celemines pagan los que no tienen ganado.

En Pedrosa del Príncipe hay un cirujano que atiende a los vecinos. Su salario consiste en 84 fanegas de trigo (1.092 reales), más 44 reales en metálico, más un carro de paja y otro de sarmientos, combustible único en Tierra de Campos. Un pluriempleado era el sacristán, organista y maestro de niños; por estas meritorias funciones cobraba 47 fanegas de pan mediado (428 reales); más otros 60 reales por lavar la ropa de la sacristía; más 20 para vivienda y más 31 de gajes y propinas. Total 536 reales. Lo justo para ir tirando si la familia era corta.

El Concejo era dueño de un molino harinero en el Odra, de cuatro ruedas y un batán de tres pilas. El molino no rendía lo debido por escasez de agua en verano; pero la maquila (1/6 de la molienda) suponía 360 fanegas de trigo, centeno y cebada. El batán lo arrendaba mediante pago de 1.411 reales. También en Pedrosa había un hospitalillo de tres camas para atención de pobres, transeúntes y peregrinos jacobeos, pues es este un de talle que conviene señalar: Muchos peregrinos al salir de castrojeriz camino de Compostela se asustaban de la subida de Mostalares y rodeaba por Hinestrosa y Pedrosa para pasar el puente de Itero. Los gastos del hospitalillo los cubría la Cofradía de la Inmaculada Concepción. Otros ingresos concejiles provenían de la taberna (30 reales), de un mesón (33 reales) y de permisos de pesca (60 reales).

Los precios bajos, los salarios muy medidos, los impuestos altos revelan que la producción era alta para el tiempo y el lugar. En Pedrosa del Príncipe el suelo y las cosechas compensaban el esfuerzo humano. Pan, vino, carnero y queso, más el cerdo matancero estaban presentes en los hogares. Aun quedaban algunos reales para los demás renglones de la economía doméstica. El contraluz lo marcaban los ocho pobres de solemnidad que subsistían "ostiatim" (pidiendo de puerta en puerta) como dice el documento.

Durante el siglo XIX, a pesar de las graves contradicciones de la Historia de España (Invasión francesa, guerras civiles, pérdidas de las Colonias), Pedrosa del Príncipe consiguió mantener y aumentar la producción agraria y su población. Su término mantenía su fama de fértil y saludable, a pesar de algunos desbordamientos del Odra y del Pisuerga. En 1840 reúne 416 habitantes en 98 casas. La iglesia de San Esteban es hermosa en sus altares y tallas de San Esteban, obras de Manuel Herrero y de Santiago carnicero, artistas respetados de los siglos XVII y XVIII. Además del mayor, hay otros dos dedicados al Salvador, a la Virgen del carmen y a Santa Bárbara. La Virgen de la Olma acrecienta y embellece su devota ermita. La escuela rural, todavía mantenida por el Concejo le cuesta 47 fanegas de trigo. Se mantiene la tradición agrícola y ganadera y se sigue practicando la caza menor y la pesca de barbos, truchas y anguilas.

En 1900, la Villa alcanzaba su mayor cifra demográfica, 660 habitantes, que en 1950 descendían a 558. La segunda mitad del siglo XX marcó tan fuertemente el campo español, como nunca antes había sucedido. Pedrosa del Príncipe supo resistir, aunque más de la mitad de la población emigró a la industria y a los servicios. Pero en los que quedaron y en los que se fueron no se borró el orgullo de la tierra solariega y la tradición castellana vivida a lo largo de más de un milenio.

 

OTROS DOCUMENTOS

 

Real Decreto de 1750*

 

Libro de Fábrica 1582-1607 (Archivo Diocesano de Burgos)

Podemos encontrar información relativa a Pedrosa del Príncipe en documentos como el 'Libro de Fábrica 1582-1607', que se halla en el Archivo Diocesano de Burgos. En este encontramos textos relativos a los impuestos, obras, sepulturas, dinero, impuestos, cargos, censo, demandas, y otros datos principalmente referentes a los edificios religiosos del municipio. El problema es la dificultad tanto de lectura como de comprensión de os textos. Utilizan numerosas abreviaturas, que unidas al lógico deterioro del papel por el paso del tiempo, hacen de su lectura una difícil tarea. Hay que tener en cuenta que es muy probable que estos escritos no estuvieran pensados para consulta pública. La gente que se suponía iba a acceder a ellos era conocedora de las abreviaturas y de las diversas anotaciones que en ellos aparecen.

 

Apeo de Ynoxosa (1745) (Archivo Diocesano de Burgos)

El 6 de mayo de 1745 está fechado un apeo por el cual el término de San Pedro de Ynoxosa pasa a unirse con Pedrosa del Príncipe. Por alguna razón, el municipio que pasa a pertenecer a pedrosa recibe al menos 3 nombres diferentes en los documentos consultados (Ynoxosa, Hinojosa y Finoxosa)

 

Apeo de Finoxosa (1385?) (Archivo Diocesano de Burgos)

Según este documento, alrededor de 1385 se hizo unión y anexión de la Iglesia de San Pedro de Hinojosa, y sus beneficios, a la Iglesia de San Esteban de la Villa de Pedrosa y a los beneficios de ella. Para entonces, el municipio antes citado se hallaba despoblado.